martes, 21 de febrero de 2017

Somos números.


Cuando conocemos a alguien una de las primeras cosas que decimos es la edad. Cuando vamos al médico decimos el número de la tarjeta sanitaria. Cuando queremos sacar un libro de la biblioteca damos el número de la tarjeta correspondiente. Cuando estamos en blogger importa mucho el número de seguidores. Si queremos viajar damos el DNI o el pasaporte -ya el DNI está por encima del nombre-. Si queremos comprar tenemos que tener claro el orden de la cola. Números, números y números

Vivimos en un mundo donde es más importante la edad que la responsabilidad y la madurez de cada persona, donde el dinero disponible que tenemos en la cuenta bancaria decide la calidad de vida que llevamos, donde importa más el peso de alguien que si realmente se encuentra bien como está, donde una calificación demuestra lo que sabes, donde estamos marcados continuamente por un tick-tack llamado tiempo. Y las que quedan. Oooh ¡y las que quedan! Desgraciadamente todo son números, números y números

Al menos a mí, a veces me entran ganas de mandar todo esto literalmente a la mierda. Lo único que hace a veces -a parte de identificarnos- es agobiarnos. Yo creo que el ser humano es más que eso: más que un sinfín de números que nos identifica y que decide qué somos, cómo somos y cómo vamos a ser -sobre todo esto último-. Solo llegamos a casa y lo primero que hacemos es mirar Whatsapp, y ¿cuántos mensajes encontramos? Muchos. Luego miramos el reloj y quedan 10 minutos para que vuelva mamá. ¡Corre que no he fregado! Tenemos un 4,5 y no nos aprueban porque no llegamos al 5 y sin embargo hemos aprendido más que uno que tiene un 7. 

Yo cuando llego tarde
¿Dónde quedan los sentimientos? ¿Y los valores? ¿Y las capacidades de cada uno? ¿Dónde queda la pechá de trabajar que se meten nuestros padres (y algunos de nosotros)? 

En resumen, siempre estamos esclavizados por los números hasta el punto de que todo el mundo tiene estrés porque no llega a fin de mes, hasta el punto de que hay mucha gente agobiada porque no tiene tiempo, hasta el punto de que hay muchos alumnos desmotivados porque solo nos obligan a sacar la máxima nota sin aprender de verdad, y millones de razones más. 

Ojalá yo así
Por eso creo pienso que muchas veces me iría a un lugar desértico de personas en donde pueda disfrutar de la naturaleza, el tiempo libre, sin agobios ni pensamientos incómodos, sin nada que pagar. Todo un sueño de cualquiera. Y también pienso que es por eso que debemos disfrutar de cada cosa que hacemos, sin tener en cuenta cómo lo hacen los demás ni el tiempo que le dedicamos -a no ser que tengamos que hacer algo por una entrega o algo así-. Cuando leas, sumérgete en la lectura y que le den al tiempo, que le den al número de páginas o al número de libros que te quedan por leer. Cuando estudies, estudia sin pensar en el tiempo que te queda, simplemente trata de aprender a gusto (o al menos intentarlo). Y sé que es muy difícil por todos los números que nos rodean, pero por lo menos hay que intentar evadirse de ellos lo mayor posible.

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